Katariina Vuorinen nació en Finlandia en 1976. Es Poeta y Escritora tiene un Máster en Filosofía con especialidad en Literatura. Se define: como parte de la población nómada mundial. Además de interpretar su poesía en diversos escenarios literarios nacionales e internacionales, viaja continuamente y participa en proyectos artístico-literarios. Ha publicado los libros de poesía: Edith me besó en sueños (Tammi, 2001), Frente frío (Savukeidas, 2006) La casa de las mujeres y las aves (Savukeidas, 2010) y La ley del año nuevo (Savukeidas, 2015). Este último poemario es un testimonio de dos mujeres sobre sus experiencias con la crianza, el crecimiento y la muerte. Actualmente, Katariina Vuorinen está trabajando en su quinto libro y en la publicación de una plaquette de poesía. Desde su debut en dos concursos de poesía en 1992, Katariina Vuorinen ha sido invitada a publicar en diversas antologías y revistas de poesía en Finlandia y en el extranjero. Ha trabajado en la Universidad de Yubáscula (Jyväskylä) y fue profesora de Escritura Creativa. También se ha desempeñado como columnista y crítica literaria. Katariina Vuorinen, Fue presidente de la Asociación de Escritores de Finlandia Central y hace un trabajo en conjunto con artistas de diferentes áreas. Uno de sus más recientes proyectos es un libro de viajes en Islandia: El diablo suelto en Islandia (Like 2017) con dos colegas escritores. Los poemas de Katariina Vuorinenhan sido traducidos a trece lenguas. En el año 2013 por cierto, Katariina Vuorinen viajó a Venezuela para celebrar los 25 años de nuestro programa: La maja desnuda. El video que ofrecemos, fue cedido gentilmente por nuestro amigoy poeta Luis Alejandro Contreras.
La princesa y el guisante Eres, todo el tiempo, una niña tan talentosa, humilde, mueles el jengibre para el pastel dejas correr agua de lluvia sobre la frente dolorosa escalas entre los cuchillos del viento desciendes el resto en los cuartos desmoronados en las entrañas de las palomas, sobre eso escribes un libro violeta Se espera que te conviertas en una caldera, una yegua puertas que se abren y cierran de las casas y cuando en tus manos calientas los bocados solitarios del invierno hay otra vez un poco de burlas en lugar del jerez cariños jugados con dos barajas correo repartido lleno de exigencia. Despacito la espalda queda estampada en los alambres eléctricos, las materias escolares supuestamente copiadas y los mejores esquiadores maneras como botas de goma y papas en el vestíbulo, el saludo pleno de la estufa una vez más corta con sus tijeras estopas de tu cabeza talla sesenta das capirotazos al plato que controlas con los dedos, palmaditas al caballo férreo, tu único don. La descendencia Me siento, las nalgas desnudas, en el musgo las llamas del diablo entran en mí Contra las piedras hay vergüenza para ser polinizada, en la orilla se reconoce el propio cuerpo antes de la interrogación. La niña alterada se mezcla en el paisaje. Por fin se ha enterado de la existencia de personas sobrepuestas, bebidas fermentadas, linos de sangre, se enoja con la sierra circular de la piel, enebros vueltas y vueltas, piernas equivocadas, boca pegada, piel que no transparenta las venas. Queda un cupón no ganador y un globo pinchado con una aguja de tejer. La luz de San Juan revela sutilmente, aprieta las caderas. No querías más al borde de la mesa, a la bifurcación, le diste vuelta a la amoladera en las entrañas del vientre, el pecho lleno de hojas mojadas Doblaste las pestañas, el secreto de los ojos pintados de negro. Los libros escondidos hacían brotar esporas de fuerza. Tres juramentos: no me abro, retrocedo, paro. Los labios y los ojos aún se hinchan por el golpe los rostros vacíos de los adultos se vuelven hacia la mañana bidimensional la neblina susurra, el colimbo ártico condensa. Vuelvo a empezar, desde el pie del abeto, y en las curvas de la punta ya hay nuevo hielo negro, bufandas bien tejidas, almohazar listo para la madre y la mente bajoneada hacia la espalda, la orilla poco profunda con un rastrillo de hierro. En el libro de texto se ha llenado el regazo con hijos propios de preferencia en el musgo, con el palito en la faringe. La procesión del bautizo No me pidan que mire Se bautiza a los niños, con trineos llenos de piedras. Empujen más cerca los brazos ciegos, dan lo su!ciente para huesos y sogas. Busco los anteojos en mi bolso, por lo menos el estuche vacío para protegerme las pupilas, un bol de plástico como yelmo, desde el centro de los huevos miro finalmente con serenidad el cuidado y la biología, urracas en un cuento en el fondo del bosque empieza la procesión hacia el sol, musgos y árboles encanijados en la tierra pantanosa ceden, curvo el lumbago: Yo no estoy para despreocupadamente olvidarme de mí. II El palo de la escoba me mantiene parada en el habla de los creyentes. Ellos recitan hurgón y serbales desde mi rostro. Me deslizo de los tacones al pulpejo del pie, preparo la pared con ojos astillosos, froto con un papel de lija los pensamientos felices que botarán escamas en los rabillos del ojo las pinturas del diablo, en lo que llego a correr la cortina. Deseo felicidad. El no pensar. Poco a poco comienza en el niño el movimiento del metrónomo, se lanzan los bates y las botas el habla se hace más delgada, hasta el clavo, la rabia martillea. Poco a poco la sangre se mezcla, de los más fuertes se saca tijeras y guantes y lanas limpias que se mantenían secas. A ellos se los olvida en el aguanieve o alguien los vende. El enojo se detiene en la arcilla, uno levanta la bandera caída, otro se va de boca. Y de las orejas o de la a"icción se tira para arriba de nuevo. III No me quedo en la grieta de los dos llantos y gritos, tomar las riendas del pánico. Miro el frío, profundo a los ojos, el humo para mejorarlo. Se parece demasiado a la especie del último hombre. Pocas veces sacamos de la billetera la foto cortada oblicua. Para qué continuar con las acciones, por vanidad, por dientes feos, la especie se interrumpe en una tilde, detrás de ella siguen los factores primos. No más discursos finales mirando fijamente al vacío y a la grava, que se queman en cartas porosas, cuartos, corbatas que muestran la dirección de la noche. Esperamos en una cantina clandestina, se conserva burbujas en las latas. Que corra nuestra sangre, pretextos egoístas. Llegó una aflicción por encima de nosotros o para elegir un día seco, blando Los que se procrean dicen: váyanse. Por delante a la oscuridad. (De la banda Kylmä rintama, Savukeidas 2006) (Traducción: Johanna Suhonen y Roxana Crisólogo)